Conocer para enseñar
07 de diciembre del 2019

Conocer para enseñar

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La semana anterior tuve el gusto de dar una conferencia sobre pornografía ante profesores de distintos grados. La experiencia, como en otras ocasiones, fue bastante positiva y, como en otras ocasiones, aleccionadora. El tema central era, ¿cómo hablarles a los niños sobre porno?, siendo esta una de las pocas manifestaciones culturales que podemos considerar estrictamente para adultos.

El tema, al comienzo, siempre es peliagudo. Vamos por el día a día tratando de evitar palabras que refieran al sexo y de pronto nos encontramos de frente a conceptos como vulva, falo, semen, squirt, anal, felación y muchos más. La intensión es clara, abordar estos temas de manera evidente para entender el núcleo de la plática: si un adulto no sabe como referirse a la sexualidad (la propia o la ajena), ¿cómo podría siquiera intentar explicársela a un niño? Tiene sentido, ¿no? Dicho esto, he de confesar que este tipo de pláticas son una trampa, un montaje que pretende ser lo que no es. “¿Cómo hablarles a los niños sobre pornografía?” es la carnada, ya que el tema real es “¿cómo hablarles a los adultos sobre pornografía?”. Asumimos que el adulto sabe de qué hablamos cuando hablamos de porno y que sólo se le instruirá de cómo explicársela a un niño o joven. Nada más lejos de la realidad, y la intimidación inicial al conferenciar sobre este tema lo confirma. Por ello estas pláticas buscan desmantelar el discurso del porno y entender sus particulares políticas referente al cuerpo. Como pornógrafo, me interesa la manera en que están articulados los enunciados de este género, sus construcciones de placer, orgasmo, equidad, filias, en fin. Entendiendo eso se puede intentar deconstruir su narrativa y mirarla cómo lo que es: un montaje. El porno es el sexo sin el sexo, una hiperrealidad que muestra el lado mítico del acto. Sin negativas, sin disfunciones, sin olores, sin reclamos, sin vergüenzas, sin repugnancias, sin interrupciones o culpas, sin consecuencias y, por otro lado, con deseos, con descaros, con cuerpos femeninos humedecidos y falos duros, rígidos, firmes, con ganas de más, siempre de más. Eso es la pornografía, ofrece de todo menos lo que oferta: una relación sexual. 

 

Al final de la conferencia, quizá más de uno sintió que fue timado por el porno, que el tiempo que invirtió entrando XVideos o Pornhub es irrecuperable. Lo siento, la intensión no era esa, la idea es que, si quiere, siga disfrutando del porno pero que se comprenda lo ridículo, absurdo, misógino y falocéntrico que es y, en su cualidad de profesor frente a grupo, pueda transmitirlo a los más jóvenes.

 

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