La salud, ¿es primero?
20 de enero del 2020

La salud, ¿es primero?

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Uno de los temas más sensibles para cualquier persona es su Salud. Incluso en los deseos de nuevo año, felicitaciones de cumpleaños, o simplemente cuando quieres desear bien a alguien le dices que tenga Salud, porque con Salud, lo demás es lo de menos.

México tuvo que cruzar muchos años para poder construir, diseñar, y levantar el Sistema de Salud Post Revolucionario que fue y es orgullo de quienes históricamente logramos como Gobierno elevar, entre otras cosas,  la esperanza de vida a más de 72 años.

 

Las discusiones  por definir los modelos de Salud fueron arduas, largas y costosas. Y cuando por fin se tenía un sistema que mejoraba servicios, mantenía coberturas, proporcionaba atención medica universal, contaba con fondos y recursos para la atención de los Mexicanos de todos los niveles,  en las mayores instalaciones y con los mejores profesionistas de la Época;  y  evitaba, que por sufragar la atención o gastos de enfermedades como el Cáncer o Enfermedades Terminales  de altísimo costo, las familias mexicanas perdieran su patrimonio o solo vieran morir sin atención a sus familias.

 

En eso estábamos, cuando llega López Obrador y desplaza El Sistema  Nacional de Salud y lo desaparece para crear su propio Modelo que como se ha podido observar, no tiene ni viabilidad probada y si muchos errores de concepción, de armado y de operación que están costando vidas de Mexicanos.

 

El  Instituto del Bienestar, que ya está funcionando,  no cuenta siquiera con reglas de operación claras, y como apuntaba líneas atrás, está resultando criminal. 

 

La gente, la más pobre, la que más necesita el servicio de Salud pública, no sabe si los van a atender o no,  si tienen que pagar o no, cuánto, a quién, cómo ni cuáles son sus derechos. 

Y cuando pasan todos esos obstáculos, resulta que las  medicinas son insuficientes, incluso en casos tan delicados como el tratamiento de niños que sufren cáncer.

El Gobierno Federal se llena la boca con su cacareada austeridad y presume   haber hecho grandes ahorros en la compra de medicinas, pero a costa  del desabasto de las mismas. 

Quien  diga existen medicinas suficientes y a tiempo para todos los pacientes, está mintiendo. 

 

Cualquiera que recorre los hospitales puede encontrar a padres desesperados que no encuentran medicinas o atención para sus hijos; con empleados y médicos que no saben cuándo llegarán los recursos  e incluso con Instituciones Hospitalarias a las que no les queda claro siquiera cuáles son sus nuevas reglas de operación. 

 

Si piensan  que esas carencias se suplen con los apoyos que le entregan a los Viejitos, o a los jóvenes, están rotundamente equivocados. Nada puede reemplazar, sobre todo entre los más pobres, un sistema de Salud mínimamente eficiente.

 

Éste es el mayor desafío que debe enfrentar esta administración,  y se convierte en drama porque se trata de la Salud de los más pobres y, sobre todo, de los niños. 

 

El  sistema no está funcionando. Como cientos de Analistas  y especialistas en Administración de la Salud y funcionarios del Sector Salud lo han dicho y reiterado, no se puede eliminar un sistema de Salud de un plumazo, no se debe cambiar un sistema de compras y distribución de medicinas por un decreto presidencial sin tener con qué reemplazarlo. Ese es el sello de la casa, el estilo  de esta administración, pero, en el caso de la Salud, la improvisación se convierte en un caso de vida o muerte. 

 

El problema ya no puede ser achacado a la administración anterior. López Obrador lo debe tomar como un tema  de interés nacional, y por lo menos en el ámbito de la Salud, debería de aceptar que las cosas no están saliendo bien y que al parecer,  el Remedio, está saliendo peor que la enfermedad.

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