LA POSTA – Cucando al Tigre

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25 junio 2018 118

UN SANTO TOMÁS. Por sentido común, experiencia ciudadana y proclividad a la desesperanza, rechazo toda certeza profética de las encuestas publicadas por los medios nacionales, locales, redes sociales y chismes. He sido víctima del entusiasmo; he sido liebre y visto como otros llegan sin correr; he confesado mis aspiraciones a mis enemigos ocultos, he cometido todos los errores que un ciudadano ingenuo comete en este país bizarro donde la honestidad es una carga y la deshonestidad un ejemplo a seguir. A pesar de todo, creo en mi patria, en mi estado, sigo apegado al terruño, donde quiera que voy llevo una parte de Macuspana, ese pequeño mundo donde no pasa nada y todo puede pasar. Hoy que está en juego el futuro del país en un volado electoral, sigo manteniendo en alto mi paisanaje, sin dejar de sentir el temor consciente de que la historia se repita. Estoy listo para votar. Pordiositosanto.

CHELAS AL DOS POR UNO. La escasez ficticia de dinero en México es parte de la estrategia de la clase política en el poder para armar un gran fraude electoral el 1 de julio. Es tanta la necesidad que han provocado con esta criminal estrategia, que la gente hace largas filas, a la vista de todos, incluidos los organismos electorales, para rentar su credencial de elector por 500, mil, dos mil pesos para aliviar el hambre de hoy y eternizar su miseria. Estas credenciales servirán para eliminar el voto a favor de un candidato y votar por otro que represente más de lo mismo, es decir dos votos por uno. Las colonias populares y las zonas rurales han sido “peinadas” por un ejército de promotores que detectaron los futuros votos en contra del sistema para ofrecer dinero a cambio de las credenciales que serán devueltas el lunes 2 de julio.

BOTELLITA DE JEREZ. Si un lugar merece ser cerrado por esconder en sus entrañas la corrupción, ese es el Instituto Nacional Electoral (INE), sus sucursales en todos los estados, el Tribunal Electoral Federal, el mentado FEPADE, los institutos estatales y una maraña de fiscalizadores, inspectores y oidores, que “trabajan” seis meses y dos años y medio vagan cual almas perdidas por esos pasillos infinitos, de escondites inmensos, dónde se juega quién gana más y hace menos. Esta carísima entelequia no ha sido capaz de ordenar elecciones libres y limpias en el país, en los estados, en los municipios; los consejeros gozan de fuero y más que sueldo, reciben sobornos por esconder los más horribles fraudes electorales que han desmoronado nuestros pilares democráticos.

LA CAMINERA. Los creadores de este horrendo aparato burocrático, deben sentirse muy orgullosos de tanta imaginación puesta al servicio de la clase política para eternizarla en el poder. Están cucando al tigre. Sea por Dios.


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