Crónicas de una ciudad imaginaria

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Un sol de media tarde iluminaba de rojo la avenida “Paseo de la Sierra”. Eran las seis de la tarde. Rolando Ocaña abrió los ojos al terminar de dar la media vuelta y quedar boca arriba, observó el girar interminable del ventilador en el techo, contó cien vueltas de las aspas y bajó los parpados un instante. 

Estiró el brazo derecho, sus dedos chocaron con un envase de cristal, sus yemas reconocieron la leyenda impresa “Victoria”, lo sujetó y haciendo un gran esfuerzo acercó la botella hacia sus labios, bebió un trago que de tan amargo, abrió completamente los ojos y empezó una vez más a contar el giro de las aspas. Hizo lo mismo tres veces más. Luego, giró un poco la cabeza para alcanzar a ver como el último halo de la tarde a finales de marzo, se apagaba detrás de la ventana. Dejó fija la mirada en el marco de madera que compartía el mismo color de las cortinas. Antenas de televisión, azoteas repletas de tendederos, cables, miles de cables sobre la ciudad.

Con dificultad puso de pie los ciento catorce kilos de carne contracturada, crujieron sus rodillas. El esfuerzo le ocasionó un acceso de tos y con ello, mojó de cerveza caliente su pecho descubierto y repleto de vellos blancos. Cuando alcanzó el resquicio de la ventana, el viento húmedo de la vertiginosa la primavera de 2008 se había secado.

En la calle, el claxon de los autos, los ladridos de los perros y los gritos de la gente participan parecían no tener sentido en sus oídos, Ningún arbotante tenía electricidad a pesar de la obscuridad naciente.

El vértigo le hizo tambalear, y un dolor intenso en la cabeza le recordó todas las conversaciones de la noche anterior, y en los tres segundos que tardó su cuerpo en llegar al suelo, en ese sucio departamento del cuarto piso del edificio “Acuario”, se repitieron en sus oídos las teorías conspiratorias del “abogado Danilo”, los complicados argumentos de “Lucrecia” y las exageraciones de “Chayo” la mesera y sobre todo, de esa pregunta a la que todos en el submarino exigían respuesta y que solo él, ingeniero hidráulico y gerente del sistema de presas del sureste, sabia la respuesta la cual lo tenía sin dormir los últimos seis meses ¿Para qué inundar la ciudad mi gober? ¿Para qué?

@Choco_ashushao

 

              

    

   

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