Las corresponsalías bancarias son una de las piezas menos visibles, pero más estratégicas, de la integración económica entre México y Estados Unidos. Estados Unidos concentra alrededor de 83% de las exportaciones mexicanas y, tan sólo en 2024, México recibió un récord histórico de 64,745 millones de dólares en remesas. Detrás de ambos flujos existe una infraestructura financiera que permite que empresas, inversionistas y familias envíen y reciban recursos con seguridad, rapidez y certeza. Sin esa infraestructura, buena parte de la actividad económica entre ambos países simplemente no ocurriría con la eficiencia que hoy damos por sentada.
Con frecuencia pensamos que las corresponsalías son acuerdos entre bancos. En realidad, son la infraestructura que permite que la economía funcione todos los días. Detrás de cada transferencia internacional hay una empresa que paga a un proveedor, una PyME que importa maquinaria para expandir su producción, un exportador que recibe el pago de sus mercancías, un estudiante que cubre su colegiatura en el extranjero o una familia que recibe una remesa. Los clientes generan la actividad económica; el sistema financiero es el vehículo que hace posible ese movimiento.
Por ello, hoy la pregunta ya no es únicamente si una institución cumple con la regulación. La verdadera pregunta es si genera la confianza suficiente para ser un socio confiable dentro de uno de los corredores financieros más importantes del mundo. La confianza no es un concepto abstracto; es un activo económico que reduce incertidumbre, facilita el comercio y fortalece la inversión.
En ese contexto, también ha evolucionado el papel de los responsables de cumplimiento. Las corresponsalías ya no se construyen únicamente entre bancos a través de contratos con checklist regulatorios; se construyen entre equipos que comparten la responsabilidad de identificar riesgos, intercambiar mejores prácticas y responder con rapidez frente a amenazas cada vez más sofisticadas. La confianza se fortalece cuando existe una cultura compartida de integridad financiera.
Por ello, resulta indispensable impulsar espacios permanentes de diálogo entre autoridades, reguladores e instituciones financieras. Con ese propósito, UNIFIMEX (Unión de Instituciones Financieras Mexicanas) y FIBA (Financial and International Business Association) hemos iniciado una agenda conjunta para fortalecer el intercambio entre responsables de cumplimiento de instituciones financieras de México y Estados Unidos. Compartir experiencias, analizar nuevas tipologías y construir confianza entre quienes lideran los programas de cumplimiento constituye una de las herramientas más efectivas para preservar la solidez de las relaciones de corresponsalía y fortalecer la integración financiera de Norteamérica.
No es casualidad que el Banco de Pagos Internacionales (BIS) advierta que los pagos transfronterizos siguen siendo esenciales para el comercio y las remesas, pero continúan siendo más lentos, costosos y complejos que los pagos nacionales, precisamente porque dependen de una red global de corresponsalías bancarias. Fortalecer esa red mediante mayor confianza y cooperación no sólo beneficia al sistema financiero; incrementa la competitividad económica.
En ocasiones pensamos que el sistema financiero existe sólo para mover dinero y que las transacciones sean rápidas y seguras. En realidad, existe para mover la economía. Cada exportación, cada inversión, cada remesa y cada proyecto empresarial dependen de que los recursos circulen con confianza. Las corresponsalías bancarias forman parte de esa infraestructura invisible. Fortalecerlas no sólo protege la integridad financiera; fortalece la competitividad de Norteamérica y el crecimiento económico de ambos países.
Por: Soraya Peréz
















