En algún punto de la vida hay algo que ya no podemos soportar y es justo ahí, cuando es más doloroso continuar que soltar o cambiar… y conste que no hablo de asuntos menos complejos como empezar la dieta en lunes, o levantarse a las 5 de la mañana al gimnasio. Hablo del cambio que duele, del real.
Viktor Frankl pasó cerca de tres años en por lo menos cuatro campos de concentración; durante ese periodo, sus padres, su hermano y su esposa fueron ejecutados a manos del ejército nazi. En medio de todo eso no decidió “reinventarse”, no hizo un vision board, no escribió afirmaciones, no hubo decretos, solo hubo determinación.
En medio del terror, de las humillaciones y de las pérdidas, Frankl descubrió algo brutalmente simple: pueden quitarte todo, menos la libertad de decidir cómo responder a lo que te pasa. Ese fue el punto de quiebre, el momento de conexión que lo salvó, que le otorgó la fuerza para sobreponerse a todo.
Tu y yo no estamos en un campo de concentración, pero a veces, vivimos como si lo estuviéramos, porque todo a nuestro alrededor parece sin esperanza y lleno de dolor: un trabajo que no te gusta, una relación que ya no te nutre, una versión tuya que ya no puedes ni reconocer en el espejo.
Sin embargo, ahí sigues, porque soltar duele y cambiar asusta; porque lo desconocido da temor y romper con el paradigma cala. Porque es más fácil decir o escribir, que decidir y actuar. Nos aferramos al dolor porque de cierta manera, es lo conocido. Nos enseñaron a aguantar todo, a soportar, a “no rajarnos”, normalizando lo que claramente no debería ser así.
La resistencia y adaptación al dolor, no siempre es valentía, la mayoría de las veces es costumbre. Viktor Frankl vivió días de dolor, semanas de agobio hasta descubrir que el dolor puede ser útil solo cuando encuentras propósito, sentido. Sufrir por sufrir no es vivir. Encontrar sentido en medio de la catástrofe, te libra de la muerte en vida, no porque el dolor sea bueno —no lo es—, sino porque ignorarlo te consume.
Luego entonces, ¿Qué estás soportando hoy que, en el fondo, ya sabes que no deberías? Tu peso, una relación familiar, un trabajo, una situación… no necesitas un plan perfecto, solo ser brutalmente honesto contigo y encontrar un sentido en tu historia de vida para poder afrontar lo que viene.
Hoy rompe con ello que te daña y encuentra un sentido en el proceso; no necesitas hacer grandes cambios, ni promesas de 180 grados; tal vez solo basta con dar un primer paso, con hacer algo distinto: una conversación pendiente, un límite necesario, una decisión incómoda y entender que no puedes ni debes aguantar todo…
POR: Francisco Jiménez

















