La espuma de la cerveza, conocida técnicamente como giste, se forma de manera natural cuando el dióxido de carbono generado durante la fermentación entra en contacto con el ambiente al momento de servir la bebida.
Especialistas señalan que esta capa espumosa contribuye a preservar el aroma y el sabor de la cerveza, ya que actúa como una barrera que reduce la pérdida de compuestos volátiles, especialmente en las cervezas de barril.
Para quienes prefieren una menor cantidad de espuma, los expertos recomiendan servir la cerveza lentamente y con el vaso inclinado aproximadamente a 45 grados, enderezándolo conforme se llena para controlar la formación de burbujas.
Además de su función en la degustación, el giste también puede aprovecharse en la cocina. Se utiliza para elaborar rebozados más ligeros y crujientes, aportar sabor a salsas y guisos, así como mejorar la textura de masas para pan, pizza o focaccia gracias a su contenido de gas y notas de malta y lúpulo.
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