El predominio del maculís en el paisaje tabasqueño ha dejado de ser únicamente un fenómeno estético para convertirse en una señal de alerta ambiental. Un análisis elaborado por especialistas de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco advierte que la expansión de esta especie refleja la pérdida de biodiversidad en la región.
De acuerdo con los biólogos Carlos Manuel Burelo Ramos y Alejandro Antonio Castro-Luna, la dominancia de la especie Tabebuia rosea es resultado de décadas de deforestación y transformación del territorio, particularmente entre los años cuarenta y noventa, cuando amplias extensiones de selva tropical fueron convertidas en pastizales para actividades ganaderas.
El estudio señala que, en condiciones naturales, las selvas maduras se distinguen por su alta diversidad de especies. Sin embargo, la simplificación de estos ecosistemas ha favorecido la proliferación de árboles como el maculís, capaces de adaptarse a ambientes abiertos y perturbados.
Este proceso, denominado “maculización” del paisaje, tiene implicaciones ecológicas importantes. Entre ellas, la reducción de hábitats para la fauna, la disminución de recursos para polinizadores y una mayor vulnerabilidad de los ecosistemas frente a sequías, plagas y enfermedades.
Los investigadores subrayan que el problema no radica en el maculís como especie, sino en lo que su abundancia representa: una sucesión ecológica interrumpida que evidencia la degradación de la cobertura vegetal original.
Ante este panorama, proponen medidas como la conservación de la vegetación ribereña, la reducción del uso de agroquímicos y la diversificación de especies arbóreas en zonas productivas. Asimismo, destacan que programas como “Sembrando Vida”, con un adecuado seguimiento técnico, podrían contribuir a restaurar la conectividad ecológica y recuperar servicios ambientales.
La conclusión es contundente: el característico paisaje rosado que cada primavera distingue a Tabasco también funciona como un indicador de alerta sobre la transformación de sus ecosistemas y la urgencia de recuperar su diversidad biológica.
Carlos Manuel Burelo Ramos es profesor investigador responsable del Laboratorio de Manglares Interiores de la División Académica de Ciencias Biológicas de la UJAT, mientras que Alejandro Antonio Castro-Luna se desempeña actualmente en el Instituto de Biotecnología y Ecología Aplicada de la Universidad Veracruzana.
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Eliseo Méndez












