La expresión “secuestro amigdaliano” ha dejado de ser un concepto reservado a manuales de inteligencia emocional para convertirse en una preocupación creciente en la neurociencia contemporánea.
Definamos: en las personas, la amígdala cerebral, «procesa emociones» como el miedo o la ira pero cuándo toma el control de la respuesta conductual antes de que el razonamiento o maduración asimétrica modere la emoción, esa persona puede presentar reacciones impulsivas, explosiones emocionales o decisiones precipitadas.
El problema es: ¿La población entre 16 y 28 años, debido al uso intenso de internet, presenta aumento en conductas descontroladas? La respuesta es, sí. El intenso entorno digital altera la forma en que regulamos nuestras emociones. Observamos como la población necesita de estímulos rápidos, recompensas instantáneas y conflictos digitales constantes, y esto desarrolla umbrales cada vez más bajos de tolerancia que llevan a un sociedad con mayor polarización, aumento de conductas impulsivas o agresivas, a una menor capacidad de deliberación racional y al incremento de trastornos de ansiedad y regulación emocional.
La amígdala actúa como un sistema de alarma biológica que ante un estímulo amenazante, envía señales que preparan al organismo para reaccionar. Cuando la activación emocional supera ciertos límites de estrés, ansiedad o estímulos altamente gratificantes, se produce el “amygdala hijack” o secuestro amigdaliano. La interacción intensiva digital influye en este sistema es decir, la adicción a internet altera los circuitos cerebrales relacionados con procesamiento de recompensas y la interacción entre emoción y control cognitivo.
El metaanálisis ScienceDirect publicado en 2025, encontró en 43,000 participantes, una correlación significativa entre baja inteligencia emocional y síntomas de adicción a videojuegos, sugiriendo en conclusión, una menor vulnerabilidad emocional. Sabemos que la alta actividad en internet (y no sólo los videojuegos), está diseñada para estimular la dopamina, mismo efecto que en conductas adictivas que afectan el proceso de estímulos emocionales o motivacionales y cuando el cerebro se acostumbra a estímulos intensos y recompensas rápidas, existe un riesgo de comportamientos impulsivos y reacciones desproporcionadas, como el fenómeno de los therians.
El problema no es la tecnología, sino en la arquitectura psicológica de las plataformas digitales, el diseño de estímulos. Y ante el importante incremento global de diagnósticos de «adicción digital» o «gaming disorder», los estudios sugieren una reconfiguración del aprendizaje emocional y entonces, el desafío para las nuevas generaciones no es eliminar la tecnología, sino aprender a convivir con ella sin ceder el control de nuestro cerebro porque si algo nos ha enseñado la neurociencia, es que la amígdala puede reaccionar en milisegundos, pero la sociedad, tarda décadas en reparar las consecuencias de esas reacciones.
POR: Edmundo Juarez

















