La seguridad alimentaria de México es uno de los objetivos principales de El Plan México y atraer las inversiones que detonen los proyectos y el desarrollo para alcanzar ese objetivo es una tarea fundamental de la Secretaría de Economía.
Para producir los alimentos necesarios para alcanzar esa soberanía alimentaria y reducir la dependencia y vulnerabilidad del exterior, se necesitan fertilizantes, y para producir fertilizantes se necesita amoniaco. La planta de GPO en Topolobampo, Sinaloa, es la respuesta más concreta que existe hoy en México para cambiar esa historia.
No es exageración: se estima que cerca de la mitad de la población mundial se alimenta gracias a los fertilizantes derivados del amoniaco. Es decir, sin este químico, el mundo no tendría comida suficiente para todos. Por eso producirlo en México no es solo un asunto industrial: es una decisión de seguridad alimentaria y soberanía nacional.
Cuando un país depende del exterior para algo tan básico como los fertilizantes, está a merced de lo que pase en el mundo. Si sube el precio del gas en Europa, sube el precio del amoniaco. Si hay una guerra, se corta el suministro. Si otro país decide que necesita más para sí mismo, México queda último en la fila.
México hoy importa el 80% del amoniaco que consume. Solo en 2024, el país compró 3.7 millones de toneladas de fertilizantes en el extranjero.
La planta de GPO en Topolobampo cambia esa ecuación. Con una capacidad de 800,000 toneladas anuales de amoniaco, va a reducir la dependencia de importaciones en más del 70%. Eso significa que 500 millones de dólares al año se quedan aquí, circulando en nuestra economía, generando empleos y fortaleciendo al campo.














