Desde el sexenio anterior nos ha enseñado que cuando alguien emplea la frase «Con todo respeto» lo que dirá —o se dijo— causará ámpula. La historia empieza aquí: Doña Catalina, oriunda de Misantla, Veracruz, muere y sus deudos recuerdan que ella aseguraba que el mundo estaba lleno de monumentos, pero que faltaba uno al miembro masculino. Así que hicieron lo que cualquier pariente considerado hubiera hecho: construir un enorme, erecto y regordete falo sobre su tumba. Como coqueto detalle extra decidieron añadirle los testículos.
Pascal Quignard, en su libro El sexo y el espanto, dice: «El hombre no tiene el poder de permanecer erecto. Está condenado a la alternancia incomprensible e involuntaria de la potencia y la impotencia», cierto, y esta condena a la impotencia —decantada en miedo— hace que en la sociedad abunden los monumentos al falo, contradiciendo las palabras de Doña Catalina. Doña Cata, como cariñosamente se refieren a esta abuelita, quiso honrar algo que estaba destinado al placer. Sus intenciones fueron buenas, es el pasaje al acto de sus familiares lo llamativo. En la sencilla ceremonia de revelación, mientras una manta carmín arropaba el monumento, el encargado de descubrirlo —sabiendo la inminente controversia— empieza su cortísimo discurso con un «Con todo respeto» y lo termina quince segundos después con la misma frase. Justificación no pedida, culpabilidad manifiesta. No es que el miembro sea ofensivo, pero quizá pueda serlo la presunción que no se le ha honrado lo suficiente cuando es esta suficiencia el origen de muchos encontronazos con los feminismos. Al pene lo vemos hasta en la sopa, literalmente, pues existe una pasta con esa forma que en su publicidad recomienda darle el tiempo correcto de cocción pues «nadie quiere un pene flácido en su plato». Las divertidas despedidas de soltera, debiendo hacer un homenaje a la vulva se convierten en verbenas con la omnipresencia fálica. Obeliscos, cetros, corbatas y más reproducen esta parte anatómica. A dónde se mire el pene se asoma. De manera obvia —no podia﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽e, el pene se asoma. De manera obvia —no podtera, debiendo hacer un homenaje a la vulva se convuerten a abunden los moía esperarse menos— el afamado actor porno Nacho Vidal lanzó en 2021 su perfume donde el contenedor era un falo moldeado de su propia anatomía: veinticinco centímetros de una fragancia a notas marinas, romero, ciprés y lavanda, dicen.
Al pene se le honra, ¡y de qué manera! En un cementerio francés donde descansan el pintor Delacroix, el escritor Wilde y el cantante Jim Morrison, está la tumba de un hombre con su estatua en bronce recostada sobre la lápida, lo particular es que el escultor decidió colocarle una singular protuberancia en el espacio genital. Hoy, es tradición entrar a ese camposanto y frotar la mano sobre el erótico montículo para garantizar una vida sexual feliz. Tantos años de manoseo lo han desgastado, borrando la pátina de bronce original.
Regresemos. La escultura sobre la tumba de doña Cata es polémica, no por lo que muestra si no por lo que asume debe reverenciarse: un objeto no lo suficiente reverenciado. Finalmente, la controversia generada seguro le será indiferente, pues, curándose en salud, la abuelita solicitó que en su epitafio se labrara: «En vida y muerte, siempre me la pelaron [la verga]». Descanse en paz, con todo respeto.a se convuerten a abunden los mos ahora podran propia anatomiaiendo hacer un homenaje a la vulva se convuerten a abunden los mo
POR: Alejandro Ahumada

















