El miércoles 10 de marzo por la tarde, a invitación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en su Casa de los Saberes Jurídicos en Villahermosa, acompañé a Armando Pérez Vidal en la presentación de su libro “El indio Gabriel. Apóstol y mártir chontal” (Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2022).
Esta obra, desde una perspectiva historiográfica, abre una ventana para conocer una mirada distinta de un periodo ampliamente estudiado en la historia de Tabasco, aunque casi siempre abordado desde la visión oficial; es decir, a partir de las acciones impulsadas desde el poder por Tomás Garrido Canabal y el grupo gobernante durante el periodo comprendido entre 1923 y 1935.
El libro de Pérez Vidal —al margen de cualquier polémica que pueda suscitar, siempre bienvenida en el ámbito académico— ofrece una notable riqueza documental que permite aproximarnos a la mirada de individuos pertenecientes a un grupo étnico que, históricamente, puede identificarse como subalterno frente a la clase hegemónica de la sociedad tabasqueña.
Conviene precisar que, durante el garridismo, parte de esa clase hegemónica estaba integrada por propietarios y terratenientes que promovían la productividad y el desarrollo de las industrias agropecuarias como base de la economía regional.
Más allá de la descripción de los hechos —la muerte de indígenas en defensa de su fe y, poco después, la tortura y el asesinato de Gabriel—, así como del recuento jurídico derivado de esos acontecimientos, el libro tiene el mérito de dar voz a quienes con frecuencia conocemos únicamente a través de estadísticas demográficas: individuos invisibilizados, ocultos en la historia tras las penumbras de las cifras.
En medio de esa danza de números, resulta difícil distinguir aquello que nos vuelve profundamente humanos: anhelos, miedos, angustias, creencias y decisiones, elementos que en gran medida confluyen en lo que llamamos cultura.
Sin perder de vista que el suceso narrado pertenece a otro tiempo y a otro contexto, la obra subraya la importancia de revalorar el ejercicio de la investigación histórica, particularmente desde la perspectiva de la microhistoria, entendida como la vertiente de la historia social que se ocupa de acontecimientos, personajes o fenómenos que, desde otros enfoques, pasarían inadvertidos.
En alguna ocasión, un periodista le dijo a Eduardo Galeano: “Cuando leo tus libros, pienso que tienes un ojo en el microscopio y otro en el telescopio”. Algo semejante ocurre con la microhistoria. Consiste en aislar un fragmento de la realidad, observarlo con detenimiento —como bajo un microscopio— y, a partir de esa mirada minuciosa, comprender procesos de mayor alcance; es decir, explicar la totalidad.
Precisamente desde la óptica de la microhistoria, en 1976 Carlo Ginzburg publicó el célebre libro “El queso y los gusanos”, en el que demuestra cómo el análisis de la vida de una persona común —el molinero Menocchio— permite reconstruir la cultura popular, las mentalidades y las tensiones sociales del siglo XVI.
Ginzburg advertía que “la escasez de testimonios sobre los comportamientos y actitudes de las clases subalternas del pasado constituye el primer obstáculo —aunque no el único— con que tropiezan las investigaciones históricas”.
Por ello, en términos de investigación histórica, el libro de Armando Pérez Vidal adquiere un interés particular, pues rescata del olvido las declaraciones contenidas en el Expediente Penal 6/929, conservado en los archivos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La obra tiene la virtud de propiciar un estudio comparado con otros documentos referentes a este suceso, como la narración del hermano del protagonista, Severo García, autor de “El indio Gabriel (La matanza de San Carlos)”, publicada en 1957, o el libro de Salvador Abascal, “La Reconquista Espiritual de Tabasco en 1938”, editado en 1972.
A través de los testimonios de las víctimas de la persecución religiosa en Tabasco a principios del siglo XX, “El indio Gabriel. Apóstol y mártir chontal” contribuye a reconstruir el sentir de una comunidad indígena en su lucha por ejercer la libertad religiosa. El texto se inscribe en la tradición intelectual de los trabajos que recuperan la llamada “visión de los vencidos”, perspectiva inaugurada por el historiador mexicano Miguel León-Portilla en 1959.
Pocos estudios en nuestro país han procurado rescatar estas voces subalternas. Por ello, resulta significativo que en Tabasco comiencen a abrirse caminos en esta dirección.
Hay que sumar el valor jurídico-histórico de las fuentes empleadas. El rescate y análisis del expediente judicial no solo aporta un testimonio documental de primera mano, sino que permite confrontar la memoria transmitida por la tradición con el registro formal producido por las instituciones de justicia de su tiempo. En este sentido, la obra trasciende la mera narración testimonial y se sitúa en el terreno de la investigación histórica sustentada en fuentes primarias.
Así, el libro no solo recupera una memoria silenciada, sino que también ilumina un momento en que el poder político, las convicciones religiosas y la vida de las comunidades indígenas se entrelazaron de manera conflictiva. En esa intersección entre historia social, memoria y archivo judicial radica buena parte de su relevancia.
La obra puede consultarse y descargarse gratuitamente en el catálogo de publicaciones culturales de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, donde permanece disponible para quienes deseen acercarse a esta investigación.
Por: Mario Cerino Madrigal














