¿Qué querían los estudiantes del Movimiento del 68?
18 de octubre del 2019

¿Qué querían los estudiantes del Movimiento del 68?

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Durante la década de los sesenta hubo en México al menos 53 revueltas estudiantiles, según apunta Sergio Aguayo.

Este dato es significativo de que existía un descontento con el nivel de participación ciudadana y con las brutales represiones policiacas que permitía el gobierno priista que gobernó el país del año 1929 al 2000. En ese sentido, la principal demanda del Movimiento Estudiantil de 1968 fue la libertad, en sus distintas acepciones.

 

México era un país rigurosamente controlado. Quienes deseábamos participar en la vida pública teníamos que hacerlo en alguna institución dirigida por el gobierno, sumarnos a los escasos partidos y movimientos independientes o atrincherarnos en la autonomía de grupos marginales”, recuerda Sergio Aguayo.

 

El pliego petitorio quedó conformado el 4 de agosto de 1968 por seis puntos y un transitorio.

 

Libertad de los presos políticos.

Derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal Federal.

Desaparición del cuerpo de granaderos.

Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto y Raúl Mendiolea y del teniente coronel Armando Frías.

Indemnización a las familias de los muertos y de los heridos por los actos represivos.

Deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en actos de violencia contra los estudiantes.

*Exigencia de un diálogo público entre representantes del Movimiento y representantes del Gobierno.

 

Como puede verse, todas las demandas tenían que ver con el ejercicio ciudadano de participación política. La represión de expresiones de inconformidad con algún aspecto del gobierno es la piedra de toque que une los seis puntos. La mayoría de los presos políticos eran dirigentes o autores intelectuales de algún movimiento social. Los artículos 145 y 145 bis hablaban del delito de “disolución social” y justificaban la represión policiaca. La exigencia de desaparición del cuerpo de granaderos, la destitución de los jefes policiacos y el deslinde de responsabilidades eran tres demandas con un mismo objetivo: señalar a los responsables de las golpizas, las desapariciones y las muertes que sufrieron muchos compañeros anónimos, simpatizantes de diversas causas. El cuerpo de Granaderos era un conocido grupo paramilitar y fue el responsable de la golpiza que comenzó el Movimiento: el 23 de julio del 68 integrantes de esta agrupación arremetieron contra los jóvenes integrantes de dos pandillas de preparatorianos que se enfrentó en la Ciudadela de la capital. Finalmente, el punto sobre la indemnización era un intento por iniciar un proceso de reparación de los daños causados por las represiones policiacas.

 

El Consejo Nacional de Huelga (CNH) se formó el 8 de agosto y asumió la autoría del pliego. Visto desde esta perspectiva, el pliego petitorio del CNH es un antecedente importante de las luchas por los derechos humanos que tomarían fuerza a finales del siglo XX en México con la creación de la primera institución nacional de defensa y promoción dedicada a este asunto. El 13 de febrero de 1989 se creó la Dirección General de Derechos Humanos, dentro de la Secretaría de Gobernación. Un año más tarde, por decreto presidencial el 6 de junio de 1990 nació la Comisión Nacional de Derechos Humanos, como organismo desconcentrado de Gobernación.

 

¿Qué clase de libertades estaban en juego en el Movimiento Estudiantil?

En el 68 tomamos las calles para pedir y exigir a un régimen todopoderoso y malhumorado reducir la violencia estatal, transparentar la toma de decisiones y abrir canales a la participación ciudadana” (Sergio Aguayo, 2018).

 

Las represiones policiacas brutales fueron un signo constante en la gestación y desarrollo del Movimiento Estudiantil de 1968. Desde la represión del enfrentamiento del 23 de julio, la juventud universitaria resintió las acciones desmedidas de una policía que no se contuvo de golpear a decenas de mujeres y hombres jóvenes. El 26 de julio hubo otra fuerte movilización de organismos de seguridad al servicio del Estado en las inmediaciones del Zócalo. Una manifestación conmemorativa del asalto al Cuartel Moncada en Cuba se unió a una marcha organizada por la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) para dirigirse al Zócalo capitalino a manifestar su repudio al cuerpo de Granaderos por los hechos ocurridos tres días antes.

 

El siguiente episodio que marcó el rumbo de la movilización fue el bazucazo contra la puerta histórica del Antiguo Colegio de San Ildefonso, sede la Escuela Nacional Preparatoria núm. 1. El 30 de julio Javier Barrios Sierra, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), declaró que era “un día de luto para la Universidad” por la violación de la autonomía universitaria perpetrado por el Ejército mexicano.

 

El 1º de agosto de 1968 [yo] también estaba en la valla que se formó en la banqueta y vi pasar frente a mí a Barros Sierra. Caminaba con solemnidad pero sin soberbia, transmitía dignidad mientras volteaba sonriente hacia los lados. De repente, uno de los manifestantes me invitó a sumarme. Lo hice y me sentí parte de algo que trascendía mi limitada comprensión de lo que estaba en juego. Por primera vez, dejé de sentirme inquieto por participar en una protesta pública. Me sentía un ciudadano con plenos derechos”, escribió Sergio Aguayo sobre su experiencia de aquellos años.

 

En su testimonio, está representado un sentimiento colectivo que se expandió a lo largo y ancho del Movimiento Estudiantil: salir a las calles a exigir respeto a la protesta y a los recintos universitarios hizo que la juventud mexicana tomara conciencia de su condición ciudadana. El posicionamiento público del rector de la UNAM, abiertamente solidario con el Movimiento Estudiantil, legitimó las demandas de los jóvenes: el derecho a una democracia participativa y tolerante de la disidencia.

 

A partir del primer día de agosto, el Movimiento se extendió también hacia todas aquellas personas que se sintieran identificadas con las demandas de la libertad. Ya no era un asunto exclusivo de los jóvenes o de los estudiantes, sino una cuestión nacional. El ataque a la UNAM lastimó uno de los símbolos más importantes del México moderno y, por tanto, dotó de un carácter nacional las exigencias del Movimiento.

 

Por su parte, el presidente Gustavo Díaz Ordaz mantuvo un discurso (en apariencia conciliador) en el que invitaba a la población a defender “la paz y la tranquilidad de las conciencias”. Sin embargo, las acciones de su gobierno no correspondían con sus palabras. Las represiones cesaron ante la organización pacifista, pero volvieron a tomar fuerza para finales de septiembre, cuando el Ejército tomó Ciudad Universitaria y otros recintos de formación profesional. La espiral de la violencia llegó a su máxima expresión la noche del 2 de octubre, con la masacre de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco que dio fin al mitin de ese día y al Movimiento Estudiantil.

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