“Las neuronas espejo y el origen de la maldad” Primera parte
20 de noviembre del 2019

PUNTO DE VISTA

“Las neuronas espejo y el origen de la maldad” Primera parte

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Recientemente en un taller que impartí, un joven me preguntó si era posible para cualquier persona aprender a “leer las emociones de las personas”, ante lo cual de manera inmediata le respondí -desde luego que sí, todos los seres humanos nacemos con la capacidad no sólo de interpretar las emociones, sino también de imitarlas y empatizar con ellas. 

Lo anterior es posible gracias a las neuronas espejo, una entramado extraordinario y fascinante del cual cada uno de nosotros somos poseedores. Permíteme explicarlo de una manera sencilla: ¿Alguna vez te ha sucedido que cuando bostezas o ves a alguien bostezar, de inmediato esta acción se “contagia”? Esto no se debe a que el bostezo en sí tenga algo especial, la razón por la cual se hace es que las neuronas espejo reflejan la acción en nosotros mismos, de allí su nombre de espejo.

Gracias a este tipo especial de neuronas ubicadas en distintas zonas del cerebro como el lóbulo frontal, somo capaces de imitar acciones y especialmente las emociones, permitiéndonos empatizar con las personas, ser conscientes y sensibles de situaciones en las que se precisa de nuestro apoyo emocional como por ejemplo en una pérdida de un ser querido, en una situación de profunda tristeza o también de inmensa alegría. 

La esencia misma de las neuronas espejo, descubiertas hace poco más de 20 años, es la clave de que podamos diferenciar y reconocer con asertividad las siete emociones universales básicas: alegría, sorpresa, miedo, ira, asco, desprecio y tristeza, clasificadas por el psicólogo Paul Ekman, padre de las microexpresiones; sin embargo, algunas personas con ciertos trastornos neurobiológicos como el autismo, son incapaces de reconocer  y diferenciar las emociones básicas que para nosotros resulta sencillo.

 Desafortunadamente, existen otro tipo de padecimientos que se caracterizan por daños irreparables en las neuronas espejo, como la psicopatía, es este especto se ubica a los asesinos seriales, quienes son incapaces de sentir empatía por sus víctimas, como si estuviesen recubiertos por una especia de capa o teflón que impeliese la compasión o la angustia por el sufrimiento de otro ser humano, ya ni hablar del sentimiento de culpa, pues su nivel de empatía es prácticamente nulo que resulta aterrador.

Con base a los datos proporcionados por la Dra. Feggy Ostrosky, académica de la UNAM, en nuestro país se calcula que hay aproximadamente 900 mil psicópatas; si consideramos este padecimiento a escala mundial nos encontramos que está conformado por un 3% de la población. Afortunadamente no todos los psicópatas son asesinos seriales y aunque la agresividad es parte de nuestra naturaleza humana, contamos con neurorreguladores cerebrales que controlan nuestros instintos agresivos.

Las neuronas espejo son una pieza clave al momento de estudiar el comportamiento humano, especialmente aquellas mentes con alto grado de maldad, lo cual se demuestra en la falta de inhibición de sus conductas violentas. 

 

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