“¿Recuerdas cuándo fue la última vez que dijiste una mentira?”
17 de octubre del 2019

PUNTO DE VISTA

“¿Recuerdas cuándo fue la última vez que dijiste una mentira?”

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¡Atrévete a engañarme! La mentira como competencia social. Segunda y última parte.
 
¡Atrévete a engañarme!, por Genoveva Javier Pérez
 
¿Recuerdas cuándo fue la última vez que dijiste una mentira? La gran mayoría de las personas mienten todos los días y en repetidas ocasiones;  sin embargo,  en este patrón de conducta tan inmerso en nuestra sociedad no es tan importante la cantidad de veces que se miente como conocer el hecho que motiva a alguien a mentir.
La presión social, el buscar encajar en un mundo competitivo que exige determinado modelo de conducta, suele ser para algunas personas tan estresante, que sin importar que haya sido creado en un ambiente conservador donde la mentira no sólo no era opción sino que era castigada con total severidad, es la única forma de cumplir con lo que demanda la sociedad, tal es el caso de Jean Claude Romand, cuya historia dio la vuelta al mundo por lo inusual y aterradora, inspirando la creación de dos novelas y una película.
Se trata de un hombre que por 18 años vivió una mentira logrando engañar a toda su familia y amigos, haciéndoles creer que era médico y que trabajaba para la Organización Mundial de la Salud. Su red de mentiras comenzó a tejerse cuando cursaba su segundo año de medicina. Un día, aún se desconoce la razón, no presentó su examen final por lo que perdió el año. Pero, continuó haciéndoles creer a sus padres que todo iba de maravilla. Jean Claude estudiaba tan arduamente como si en verdad siguiera estudiando, de hecho, se volvió a matricular para el segundo año. Conforme pasó el tiempo, presentó su título de médico, obviamente falso; con esa misma mentira logró conquistar a quien se convertiría en su esposa y madre de sus dos pequeños hijos. Después les hizo creer a todos que trabajaba en la OMS. Pero un día, la esposa fue al salón de belleza trabando amistad con una mujer cuyo marido era médico de la OMS. Entre sus pláticas, a la nueva amiga se le hacía verdaderamente extraño no haber escuchado nunca el nombre de Jean Claude Romand en la Organización. Tan rara fue la situación que la esposa de este gran engañador lo encaró a manera de reproche: ¿por qué nunca la llevaba a las reuniones y celebraciones que hacía la OMS para sus miembros y esposas? Esta pregunta bastó para que a los pocos días Jean Claud Romand la matara sin el menor remordimiento junto a sus hijos y también a sus padres.
Lo interesante de esta historia además de cómo logró mantener su mentira, obtener recursos para el sustento familiar (cabe decir que vivían muy bien, tenían autos de lujos del año y una residencia) que procedían de inversiones que él hacía con el dinero de su familia cercana y amigos a los que posteriormente estafó, fue que una vez en prisión declaró que prefería matar, sin mostrar arrepentimiento por sus actos, a ver cómo sus mentiras eran descubiertas.
Naturalmente que este hecho mediático es para muchos de nosotros insólito, pero ¿hasta dónde llegaría para no ser descubierto en una mentira? Si bien, muchos no serían capaces de matar hay quienes sí realizan acciones contrarias a nuestros valores como la estafa, el robo, etc. Es curioso, la sociedad aprueba la mentira, especialmente en casos necesarios como la famosa “mentira blanca” pero no soporta saberse engañada. El problema con la mentira y el engaño no es descubrirlos, sino saber si estás dispuesto (a) a aceptar la verdad.
 
@genovevajavierp
 
 
 

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