Caldito para el alma

Caldito para el alma

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Seguramente han escuchado esa frase como parte del título de una saga de libros muy famosa, y es que sí, cada que la escucho recuerdo los poderes que tienen los calditos para sanarnos.

Desde aquel que les reparó un corazón roto, el caldo que nos recuerda nuestra infancia, que alivia el cuerpo y hasta alma, el que te abraza cuando estás triste y el que por un momento te revive con esa sensación de alivio.

 

La comida y los sentimientos van de la mano; como la sal y la pimienta, y es que todos tenemos ese recuerdo de mamá o abuela o en algunos casos hasta papas o abuelos, que nos repararon una terrible gripe, una rodilla rota, un brazo torcido y un corazón dolido con un caldito bien caliente.

 

Desde caldos de pollo, de fideos, verduritas o que tal un buen caldo de Barbacoa, que esos más que  curar el alma, levantan muertos de la trasnochada. 

 

Creo que esa es nuestra cercanía con los caldos, porque aunque en Tabasco estemos a 42 grados, no podemos decirle no a puchero, menos en lunes. Sudas hasta la rodilla pero se vuelve reparador, te refresca y te vuelve a dar ánimo para aguantar la semana agotadora.

 

Entre los caldos favoritos de los tabasqueños ¡y es que vaya que somos calderos!, está el puchero, la carne picada con arroz, el sancochado de pavo… ¡Dios mío, babeo horrible! Consomé de barbacoa, el de mariscos o chilpachole de jaiba; aunque este último más espeso que otros y consistente, el verde de algún reptil o de mondongo, todos tienen vínculo especial con nuestras raíces, con nuestra familia, con reparar y reanimar.

 

Entonces, cuéntame, ¿cuál es el caldo que te repara el alma?

 

              

    

   

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