ANA MARÍA PRIEGO

ANA MARÍA PRIEGO

Paternidad basada en fortalezas

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Mi hija es extremadamente sociable; en un principio me preocupaba que cuando era pequeña, se quería ir casi con cualquier persona, hacia “amistades” en todos los lugares a los que íbamos y no paraba de hablar ni un segundo contando las peripecias de su día. Me preocupaba que, conforme creciera, no fuera capaz de mostrar compostura en ciertas situaciones o que su empeño por siempre socializar, la llevara a salir herida si confiaba en las personas incorrectas. Un día, estando en una reunión, alguien me dijo que admiraba la personalidad de mi hija, porque parecía no temerle a nada y se atrevía a dar el primer paso siempre, que se llevaba con todos y que las personas la querían mucho. Su hijo, en cambio, requería siempre de su compañía y difícilmente soltaba una palabra si no se sentía en confianza.

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Laboratorio del amor

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¿Qué pasaría si alguien pudiera predecir el éxito (o fracaso) de una relación de pareja con un 91% de precisión? 

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¿Ser feliz en el trabajo?

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Para muchas personas, la felicidad y el trabajo son dos cosas que no se llevan, y es que, por mucho tiempo, el trabajo ha estado asociado a una labor pesada que requerimos realizar para obtener un beneficio económico que permita satisfacer nuestras necesidades básicas y las de las personas que amamos.

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Efecto Pigmalión o la profecía autocumplida

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Seres felices, por Ana María Priego Azcuaga
 
 
 
 
En Las Metamorfosis de Ovidio, Pigmalión, rey de Chipre modela una estatua de mujer tan perfecta, que se enamora de ella. Es tanto su amor y su deseo de que su inanimada amante cobre vida, que cuando despierta de un sueño, Pigmalión se encuentra con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dice: "mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal". Y es así como su amada Galatea se convierte en un ser de carne hueso, tal como lo había soñado.
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Siembra la bondad que el mundo necesita

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Mi madre sabe cuánto amo las plantas y, paradójicamente, cuán mala soy para cuidar de mi jardín. Sin que yo se lo pida, ella llama al jardinero y le indica cómo me gustan mis plantas y me sorprende por los menos una vez al mes con ese detalle. Las madres suelen (solemos) ser, ejemplos de bondad. Y la bondad es una de las más bellas señales del amor.

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