Después de vivir durante 46 años en Estados Unidos, William, un migrante de origen cubano de 71 años, enfrenta hoy un nuevo comienzo en México tras haber sido deportado en el 2008.
Hoy se encuentra en Tabasco, pero su historia refleja las dificultades de miles de migrantes que, tras construir una vida en el extranjero, se ven obligados a empezar de nuevo.
William relata que su proceso de deportación inició con cuatro meses de reclusión en una prisión federal al norte de Florida, en la zona de Baker Jacksonville.
Ahí, asegura, vivió condiciones adversas marcadas por el hambre, el frío y constantes maltratos verbales. “No eran buenos, nunca fueron buenos”, afirma al recordar su estancia.
Durante su vida en Estados Unidos, donde trabajó en la colocación de pisos, construcción de baños y otras labores del sector de la construcción, dice haber enfrentado discriminación constante.
“Ellos nos tienen odio a todos nosotros, a los latinos. Nos humillan, no nos quieren, y somos la gente que más trabajamos allá”, expresa.
El traslado hacia México también quedó grabado en su memoria y según cuenta, fue llevado junto a otros migrantes en un avión, encadenados y en condiciones precarias: “Íbamos como sardinas en lata”, describe.
Al llegar a la frontera con Texas, las autoridades estadounidenses les retiraron las cadenas, y posteriormente fueron recibidos por personal migratorio mexicano.
“En Texas nos quitaron las cadenas y ahí migración mexicana nos trató con mucho respeto, muy cordiales”, señala.
Tras ello, emprendieron un recorrido de tres días entre montañas hasta llegar a Tabasco.
William llegó a la entidad acompañado de aproximadamente 80 cubanos y personas de otras nacionalidades que también fueron deportadas.
Actualmente, se encuentra en el Albergue Amparito, donde permanece mientras regulariza su situación migratoria.
Agradecido con México, asegura que ha encontrado un trato humano y solidario,
Sin embargo, su situación sigue siendo vulnerable.
Sin familia y con problemas de salud como diabetes e hipertensión, depende de apoyos para cubrir necesidades básicas como alimentos y medicamentos.
A su edad, su principal objetivo es obtener la residencia legal para trasladarse a Monterrey, donde espera conseguir empleo en la industria de la construcción. “Yo quiero hacer algo con mi vida”, dice con determinación.
Su historia también está marcada por su salida de Cuba, ocurrida décadas atrás, relatando que abandonó su país junto a otros jóvenes por no compartir las ideas del gobierno comunista. Afirma que incluso fue encarcelado sin haber cometido delito alguno.
“No nos gustaba el régimen de Fidel Castro… nos metieron una causa sin haber hecho nada y nos echaron tres años de presidio”, recuerda.
Por ello, asegura que no contempla regresar a su país natal.
“Mi vida corre riesgo allá. Nunca regresé, llevo casi 46 años viviendo en América”, explica.
Tampoco desea volver a Estados Unidos, país donde vivió gran parte de su vida, pero donde dice haber sufrido discriminación constante.
William hace un llamado a las autoridades mexicanas para fortalecer el apoyo a migrantes.
Señala que muchos, tras ser deportados, quedan en situación de calle al no encontrar refugios disponibles.
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