Nuestra vida es lo que nuestros pensamientos crean: Marco Aurelio
Hay algo más terrible que el fracaso: no tener identidad. El fracaso puede ser doloroso, pero el no ser fiel a uno mismo es catastrófico porque lo sencillo es mostrarse frente a un auditorio tratando de inspirar, o estar en el aula enseñando en una gran clase. Pero con eso se construye reputación. Pero cuando nadie nos ve… ahí se forja la identidad.
La reputación se construye en público, pero la identidad se edifica en privado y ahí, en la intimidad surge la incómoda pregunta: ¿quién soy yo cuando nadie me está mirando?
Pero vamos paso a paso, este mundo postmo está plagado de estereotipos, tenemos una cultura que tiende más a la imitación que a la originalidad porque recurrir a una “fórmula probada” nos garantiza el ascenso inmediato sin tener que esperar a que el trabajo original funcione.
Queremos dar la impresión de estar en constante evolución, aunque eso implique perder originalidad y convertirnos en la copia de una tendencia, de un referente, de un molde que no es propio hasta convertirnos en alguien que no somos.
El problema no es crecer. El problema es crecer traicionando lo que somos. La esencia.
Marco Aurelio, el emperador romano, el hombre más poderoso de su tiempo, lo entendía con claridad. Era un hombre que podía ordenar guerras, cambiar destinos, perdonar vidas o terminar con ellas sin embargo entendía que más que conquistar territorio, tenía que conquistarse diariamente a él mismo y para hacerlo, cada noche tenía su propia sesión de autorrealidad y comenzaba a escribir.
No escribía para el Senado, tampoco para aumentar su legado histórico, ni mucho menos para tener material de discursos emotivos.
Escribía para él cosas tan sencillas pero poderosas como no te dejes arrastrar por la ira, no te conviertas en aquello que tanto críticas, no olvides quién quieres ser. Eso es identidad y eso no depende testigos, de aplausos, de likes ni shares, depende de la coherencia. ¿Lo que dices en público, lo defiendes con lo que eres en privado?
Entiende algo de una buena vez: No necesitas la aprobación de nadie, no necesitas impresionar a nadie para empezar a ser. Lo único necesario es que tú te sepas original y que dejes de vivir hacia fuera y empieces a vivir hacia dentro.
Cuando nadie te ve ¿te comportas igual que cuando todos te observan? Si la respuesta es sí, felicidades, vives coherentemente, pero si es no, entonces es tiempo de revaluarte porque la reputación se construye frente a otros, pero la identidad se construye en soledad y no hay mayor fracaso que llegar al éxito siendo la copia de alguien más.
Haz sinapsis.
Conecta contigo.
Decide distinto.
POR: Francisco Jiménez













