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La tercera persona y el mal con aroma a erotismo

Según la tradición judía, Lilith, cuyo nombre se asocia comúnmente con "espíritu" o "aliento" (del hebreo lāylāh, "noche", y la raíz semítica lyl, que denota oscuridad o la noche), irrumpe en el relato de la creación como una figura que desafía el binomio

by Ahora Tabasco
noviembre 26, 2025
in Columnas, PUNTO DE VISTA
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Según la tradición judía, Lilith, cuyo nombre se asocia comúnmente con \\\\\\\»espíritu\\\\\\\» o \\\\\\\»aliento\\\\\\\» (del hebreo lāylāh, \\\\\\\»noche\\\\\\\», y la raíz semítica lyl, que denota oscuridad o la noche), irrumpe en el relato de la creación como una figura que desafía el binomio. Rápidamente, fue incluida y utilizada en las interpretaciones rabínicas (principalmente en el Talmudy la literatura cabalística posterior) para representar el mal ligado al erotismo femenino descontrolado y la seducción.

De acuerdo con una popular interpretación del libro del Berechit (Génesis) de la Torah, que busca conciliar las dos narrativas de la creación, antes de Chavah (Eva), fue Lilith la mujer de Ahdahm. Esta versión se basa en la doble creación del ser humano en Génesis: primero, \\\\\\\»macho y hembra los creó\\\\\\\» (Génesis 1:27), y luego, la creación de Eva de la costilla de Adán (Génesis 2:21-22)

Más allá de la tradición judía: Raíces en la Noche Sumeria

El mito de Lilith tiene raíces mucho más antiguas. Su linaje se remonta a las mitologías sumerias-acadias, donde encontramos a Lilitu. Era el espíritu del viento o una deidad femenina. Algunas interpretaciones de la Cábala dicen que era la encargada de guardar las puertas que separaban el plano espiritual, físico y terrenal. Guiaba a las almas humanas a la sabiduría y la inmortalidad, había alcanzado la sabiduría del árbol del conocimiento.

De manera escrita la encontramos en la “Epopeya de Gilgamesh” (2000 a. d.C), es descrita como un demonio en forma de serpiente (o espíritu femenino maligno), con quien Gilgamesh tiene un enfrentamiento.

De acuerdo al arqueólogo británico Reginald Campbell Thompson, su origen se remonta a Mesopotamia, donde la mitología acuño a Lilitu y un grupo de demonios femeninos que surgían de ella mitad humanas y mitad divinas. Una especie de súcubos que utilizaban la seducción y el erotismo como armas poderosas.

Fue durante el cautiverio de los hebreos en Babilonia (siglos VII y VI a. C.) que el contacto con las creencias sumerias y acadias fue crucial. Los hebreos conocieron estos mitos, se apropiaron de la figura de Lilith y la transformaron radicalmente, convirtiéndola en la personificación de la maldad femenina.

De esposa a demonio roba niños y “madre” del adulterio.

De acuerdo a la Berechit (Génesis 1:27-28), donde Elohim creó \\\\\\\»macho y hembra\\\\\\\» al mismo tiempo para que fuesen \\\\\\\»fructíferos, multiplíquense\\\\\\\». El hecho de que una segunda mujer, Eva, sea creada después (Génesis 2:21-22) alimenta las interpretaciones de los expertos sobre una primera esposa hecha simultáneamente con Adán, no a partir de él, lo que implicaría igualdad de origen.

Pero, como era de esperarse, el relato patriarcal se las arregló para reescribir esta igualdad: mantener a “La Primera” en un nivel inferior. El rabino Rubén Hoschke Kohen plantea que, si bien Lilith fue creada al mismo tiempo que Ahdahm, no la hizo del mismo \\\\\\\»polvo puro\\\\\\\», sino con \\\\\\\»inmundicia y sedimento\\\\\\\». Esta narrativa funciona como una justificación teológica para su supuesta \\\\\\\»naturaleza maligna\\\\\\\» o \\\\\\\»defectuosa\\\\\\\» desde el principio, estableciendo una jerarquía de pureza. Lilith, ese demonio que en lugar de quedarse junto a su esposo, “domesticarse” y reproducirse, renunció al paraíso para ser libre de ese destino. La mujer que decidió sobre su vida y su cuerpo, la rebelde.

De acuerdo con “Los mitos hebreos” de Graves y Patai, una de las principales inconformidades de Lilith era la posición sexual al momento de tener sexo con Adán, la posición de poder que este tenía al colocarse encima y ella por debajo. Cuando él quiso obligarla, ella se liberó de él pronunciando el Nombre Inefable de Dios (el Tetragrammaton), un acto de poder místico reservado a las figuras más sagradas, y huyó del Edén.

Cuando Dios le ordena regresar y someterse a Adán, Lilith rechaza categóricamente tal mandato. Es condenada a la muerte diaria de sus hijos demoníacos. En represalia y venganza, la tradición rabínica la convierte en la devoradora de hombres, el súcubo y la ladrona de bebés (especialmente en los primeros ocho días de vida de un varón y veinte para una niña, de ahí el uso de amuletos protectores en el judaísmo). Lilith es la mujer que eligió su vida y su cuerpo sobre el destino impuesto por el Altísimo: la rebelde.

En la Biblia, cuando es creada Eva, añaden en el discurso de Adán una especie de alivio “Por fin alguien que es hueso de mis huesos”. La lección es clara: una mujer subordinada, surgida del hombre, y por lo tanto en eterno agradecimiento y dependencia.

Una herencia subversiva.

La negación de la figura femenina se implantó también en los griegos, donde Lilith es representada como seres ambivalentes: sirenas. Inicialmente, los pitagóricos y Platón las veían como seres celestes, guardianas del conocimiento y responsables del movimiento armonioso de las esferas, entonando el canto del cosmos. Sin embargo, a partir de los escritos de Homero (La Odisea), sufren una transformación: se convierten en los seres seductores y acuáticos que intentan atraer a Ulises a la perdición.

Lilith quien en sus inicios fuera la deidad del conocimiento y la guía de las ánimas, fue sistemáticamente transformada en todo lo que una mujer no debe ser y no debe buscar: independencia, decisión, autonomía, y sobretodo, el conocimiento.

“La primera” es la antítesis de la feminidad domesticada. Las mujeres que sigan ese camino son outsiders, malignas, demonios, brujas, son hijas de Lilith.

Mas tarde fue considerada, junto con otras culturas (Morgana y Melusina, para los celtas y Circe y Medea con los griegos), como la fuente primigenia de la brujería. Lilith era un símbolo diabólico para los atemorizados hombres medievales, el principio del mal absoluto. Lilith era, según ellos, la prueba fehaciente que las mujeres son peligrosas, por ello es imperativo negarles cualquier oportunidad o ser independientes, porque la maldad está dentro de cada una y nunca terminarán de someterse.

El deseo sexual no es propio de una mujer, eso es de brujas ¿o qué no es lo que reclama Lilith a Adán? Es por ello que el siglo XII reforzaron uno de los símbolos más fuertes de la Iglesia: La Virgen María, célibe, quien recibe el mensaje del ángel, madre de Dios. Ella será la figura opuesta a nuestra Lilith, la mujer sexual, copuladora con el Diablo, impura, la portadora de la vagina dentada que castrará a los hombres.

Este arquetipo de “esencia demoniaca” femenina ha sido inculcada en todas las sociedades y culturas posibles, no solo con la religión, sino también a través de las leyes, la literatura, la música y el cine. Una vasta producción cultural de década a desprestigiar, ocultar y advertir: las mujeres no son iguales a los hombres; si lo intentamos saldrá nuestro lado demoniaco y brujil. Shakespeare, Cervantes, Goethe, nos hablan de brujas; Coleridge, Sheridam, Horacio, Strieber, Keats, Stoker nos dan succionadoras de sangre, el mensaje es homogéneo

El conocimiento, la libertad, la independencia son pecados en el cuerpo de la mujer, dicen. Seamos pecadoras, seamos las hijas de Lilith.

POR: Marisol Iturrios 

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