Historiadores reconstruyen rutas comerciales del Imperio Romano

Con ayuda de la ciencia, investigadores lograron estudiar los indicadores para comprender el comercio de alimentos en la antigua Roma.

12 junio 2018 113

La ayuda de matemáticos, informáticos y físicos ha permitido a los historiadores reconstruir las rutas comerciales del antiguo Imperio Romano en una investigación encabezada por la Universidad de Barcelona (UB).

La investigación se llevó a cabo en el marco del proyecto europeo que lidera el catedrático de la UB José Remesal y ha permitido constatar que el comercio a escala continental, entre las diferentes provincias romanas, tenía “flujos importantes” y que “el Atlántico era la ruta principal para transportar aceite, las conservas de pescado y el vino producidos en la península Ibérica (provincias Bética y Tarraconense) hasta el norte de Europa.

Esta propuesta de Remesal, publicada en la revista Journal of Archaeological Science, se contrapone a las teorías que hasta ahora priorizaban la importancia del valle del Ródano como vía comercial.

Remesal explicó hoy en la presentación que “el viaje por el Ródano tardaba unos 200 días en llegar a Germania, mientras que la vía atlántica desde la Bética hasta la desembocadura del Rin tardaba unos 22 días, y luego se tardaban otros 22 días en transporte fluvial hasta Maguncia”.

Según el arqueólogo, “la vía marítima hasta la boca del Rin permitía más viajes al ser más rápida que la del Ródano, que necesitaba de un cambio constante de barcos, más pequeños al llegar al Mosela y que necesitaba además de un tramo de transporte terrestre”.

A esta conclusión se ha llegado tras analizar los sellos de las ánforas: “hay similitudes en las marcas entre las provincias del valle del Rin (Recia, Germania Superior y Germania Inferior) con las zonas de Britania y Bélgica, y en cambio no existe esa similitud con las provincias de la Galia”.

El transporte atlántico, precisa Remesal, tendría lugar entre abril y principios de noviembre cuando se producían las condiciones climatológicas de “mare apertum”, ayudado desde tierra por un sistema de faros que concluiría en la ínsula de los Batavos en la que “se sabe que había un muelle y un canal, había soldados romanos y también comerciantes, y que hoy permanece bajo tierra en algún lugar de Holanda”.

Para llevar a cabo la investigación se ha utilizado la base de datos del Centro para el Estudio de la Interdependencia Provincial en la Antigüedad Clásica (CEIPAC) de la UB, que reúne 43.000 registros arqueológicos de restos de ánforas de toda Europa, en su mayoría de aceite de Hispania, pero también sobre vino de la Layetana, producción de aceite de la zona de Brindisi, y de vino de la Galia.

Estos recipientes se pueden considerar “el mejor indicador para estudiar el comercio de alimentos en la antigua Roma, pues estaban presentes en todo el imperio y llevaban grabados unos sellos o marcas con información precisa sobre el lugar de procedencia, el peso y los fabricantes”.

La investigación ahora publicada analiza esta inmensa base de datos de epigrafía anfórica con métodos propios de la física y la informática para contrastar las diferentes teorías sobre el comercio en la antigüedad.

Estos análisis estadísticos han constatado que “las provincias próximas geográficamente tienen coincidencias como ánforas con los mismos sellos de procedencia, seguramente por que compartían las mismas redes comerciales”.

Igualmente, se observa que las provincias con importantes destacamentos militares también presentan similitudes entre ellas, lo que indica que “unidades del ejército separadas por miles de kilómetros se abastecían con el mismo sistema de proveedores”.

Remesal asegura que esta colaboración interdisciplinar, que hasta ahora sólo se había utilizado para analizar las sociedades prehistóricas, “abre nuevas posibilidades para conocer mejor la Roma clásica”.


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