—posolanovirus—

b_420_0_16777215_00_images_punto-de-vista_octubre_Edmundo_Jures.jpg

A pocos minutos de haber iniciado la emergencia, en el mercado ‘Pino Suárez’,  se dejó de percibir ese olor a cebolla, a orines, despojos y sangre.

Los primeros puestos que cerraron, fueron los de posol y los de todos los productos derivados de la masa, causantes de la epidemia de OMDH (Obesidad Mórbida, Diabetes e Hipertensión) que llevó a crisis a la sociedad, al igual que todos los "comerciantes piratas" que actúan bajo el lema de "todo lo que se mueva, se come" ya sea una tortuga y los que preparan remedios hechos con serpientes, monos o armadillos. 

 

¿Cuánto podría durar la restricción? El ‘Chelo’ García pensaba que en tres semanas todo sería normal. "Todo mundo bebe posol y come tortuga en sangre o en tamales", dice y suspira. 

 

El ‘Chelo’ ha vivido toda la vida en calles que rodean el mercado, conoce a la perfección todos los puestos del mercado. El aroma de sus axilas es idénticos a los de esa manzana al atardecer.  Él se gana la vida vendiendo "cosas prohibidas" y como tiene muchos amigos en Centla, donde cazan animales salvajes, o exóticos, los entrega a pedido sin dificultad.  ¿Drogas? Nunca.  Eso es para los principiantes. 

 

Pero desde que estalló el "posolanovirus" ha dejado de trabajar.  Nadie se atreve a vender fuego;  él lo seguiría haciendo pero los surtidores de materia prima, no. En Tabasco hay que saber cómo sopla el viento, y cuando no hay viento, las autoridades pueden ignorar todo tipo de cosas, pero con viento en contra, hasta los "pelos necios se despeinan". Ya una vez lo detuvieron por andar ofreciendo "empanadas de pochitoque", de su última reserva del congelador, pero soltó un quinientón y toda la charola de mercancía, unas dos docenas, para que lo bajaran de la patrulla. 

 

El ‘Chelo’ García, no tiene claro cómo el "posolanovirus" pudo propagarse a todos los humanos, y así dejarlo sin ingresos. La teoría más escuchada en sus oídos es que pasó de un caldo de "tortuga en verde" mal cocido a toda la población. ¿Cómo se contagiaron los demás?,  también era un misterio; pero fue un lío cuando una mañana, todos se espantaron cuando descubrieron que en tan solo dos semanas, el 60 por ciento de la población pesaba más de 120 kilos y tenían más de 110 centímetros de cintura; incluso,  las niñas de escasas ropas en los teibols, una noche, se desconocieron bajo los espejos en el techo de sus dormitorios. 

 

Han pasado casi seis meses, y el mercado ‘Pino Suárez’, sigue cubierto por una enorme lona gris. Cada jueves lo desinfectan diciendo que ahora sí lo van a abrir, pero el ‘Chelo’ sabe que es mentira, que está cerrado para siempre. Y cada mañana, es el único que camina alrededor de esa muralla de madera de dos metros de alto, da dos vueltas rodeando su excentro laboral;  se detiene unos segundos en cada esquina para contraer y expandir sus fosas nasales tratando de absorber un poco de ese perfume, mezcla de legumbres y despojos. Hay días que piensa que esa mezcla de aromas ha penetrado  en el asfalto, por eso los fines de semana camina descalzo con los ojos cerrados, saboreando en la planta de los pies, aquellos días cuando "la masa" y el sazón de las tortugas prohibidas, hacían de su delgada vida, un deleite. 

 

 

              

    

   

{loadposition date}