Somos lo que deseamos, deseamos lo que somos

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¿Qué es la felicidad? ¿Existe? Esta es una época de buenos deseos. Deseamos feliz Navidad y feliz Año Nuevo a quienes apreciamos, pero, ¿qué es exactamente lo que deseamos? La felicidad es un concepto, como lo es la vida. Recuerdo muy bien la voz grave de mi maestro de Antropología Filosófica: “La vida no existe. 

Existen los seres vivos”. ¿Podría aplicarse así mismo a la felicidad? La felicidad no existe, existen los seres felices. Cómo resuenan estas palabras en los oídos interiores. La Noche Buena no es buena para todos, la Navidad tampoco es feliz para todos. Es grato desear la felicidad, pero, ¿seremos capaces de crearla? 

Para Antón Chéjov, destacado y sensible escritor ruso, maestro del relato corto, “la felicidad no existe. Lo único que existe es el deseo de ser feliz”. Estos días he tenido en mis manos sus cuentos, el de Vanka saltó a mis ojos, porque desde el principio sientes cómo te atrapa en ese anhelo de abandonar la jaula infeliz que le había dejado su orfandad: “Ven, abuelito, ven. Ven enseguida”. La esperanza puede muy bien habitar en una carta, una carta sin destino preciso. Los recuerdos de ese niño de nueve años eran más vívidos que su realidad, porque eran también más felices que esta. 

Como él, nos aferramos a los buenos tiempos y de ahí surge el deseo de volver a ellos, de mirar al futuro como un espejo del pasado, porque cuando deseamos somos invencibles, o como diría Séneca: “ustedes temen las cosas como mortales y todas las desean como inmortales”. Contundentes palabras. Los miedos nos hacen sentir fugaces, los deseos, eternos. Es real, somos lo que sentimos.

El ser humano tiene fuerzas internas, invisibles, que mueven su voluntad y la dirigen hacia su objetivo, tal como lo descubre Aristóteles, esa fuerza motriz del hombre es el deseo. Entonces, ¿somos lo que deseamos? Si lo deseas para el otro, lo deseas para ti, porque así funciona la vida, la energía, el amor. Más que desear un concepto, deseas una realidad que en cierto futuro se vuelva un recuerdo vívido, tan vívido y feliz como el del pequeño Vanka, quien podía sobrevivir el espeso invierno de Moscú, al depositar su alma en ese sobre que imploraba la presencia de su abuelo. Y durmió feliz, tan feliz que por un momento olvidó lo infeliz que era. Y su abuelo pudo por fin leer su carta de rescate, al menos en los sueños del infante, porque en los sueños todo es posible.

Somos lo que deseamos, deseamos lo que somos, y no sólo en estas fiestas, sino durante todos los días que pueblan nuestra existencia. Feliz Navidad a todos los lectores de Palabras y Cosas. Sembremos recuerdos felices, deseos eternos. Carpe diem.

@NihilVia

 

              

    

   

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